Intriga, misterio e ingenio son algunos de los conceptos que mejor definen el estilo artístico de René Magritte (1898-1967), uno de los pintores surrealistas más reconocidos por sus enigmáticos y sugerentes trabajos. Nacido en Bélgica, Magritte comenzó su etapa artística influenciado por el impresionismo y su trayectoria se equipara a la línea seguida por otros artistas como Pablo Picasso. 

Entre las primeras obras del pintor belga destaca ‘Los amantes’, realizada en 1928 y en la que se representa a una pareja besándose con los rostros ocultos por un velo. La posición de los dos personajes y la sobriedad de los colores transmiten desconcierto y turbación.

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‘Los amantes’ (1928) – René Magritte

Ese mismo año el artista belga también crea ‘La ventana falsa’, una obra ilusionista caracterizada por la ambigüedad que se produce en las imágenes y que da lugar a diversas interpretaciones. Por un lado, el cuadro puede ser el reflejo del cielo en un ojo humano y, por otro, el cielo puede haber sido recreado por el artista en el propio ojo invitando a entrar en otra realidad (realismo mágico).

El realismo mágico se caracteriza por la representación de elementos reales y cotidianos pero que al combinarlos dan lugar a una situación extraña, ilógica u onírica.

Este conflicto de perspectivas también aparece en ‘La traición de las imágenes’, una serie de cuadros elaborados entre 1928 y 1929. Entre ellos, destaca la representación de una pipa con la inscripción «Ceci n’est pas une pipe» (Esto no es una pipa). Con esta obra Magritte quería mostrar que realmente el cuadro en sí no era una pipa, sino una imagen de ese objeto.

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‘La falsa ventana’ (1928) – René Magritte.

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‘La traición de las imágenes’ (1928-1929) – René Magritte.

René Magritte fue siempre leal a sus principios, jugando con la ironía, el erotismo, la realidad y el ilusionismo. Otros de sus cuadros posteriores en los que se palpa este estilo son ‘La condición humana’ (1933), en la que un lienzo se entremezcla con la vista desde una ventana y ‘Not to be Reproduced’ (1937), cuadro cuyo protagonista es un personaje sin rostro.

En las obras de René Magritte se plasma un mundo paradójico en el que el surrealismo adopta un concepto diferente al seguido por otros artistas como Salvador Dalí. Las pinturas del artista belga buscan generar reflexión y debate, explorando la imaginación y la mente humana.

Es más tarde, en 1964, cuando René Magritte crea su obra cúspide, ‘El hijo del hombre’. En el cuadro aparece un individuo vestido de traje con corbata roja. El artista belga, al igual que en la mayoría de sus trabajos, recrea a una persona sin identidad, cuyo rostro aparece oculto con una manzana verde. Según teóricos, este elemento representa la tentación del hombre y está inspirado en Adán y Eva. En 1967, Magritte pinta su última obra justo antes de fallecer, ‘El arte de vivir’, en la que vuelve a aparecer un individuo trajeado, aunque en esta ocasión la cabeza es sustituida por un globo gigante.

El estilo ingenioso y distintivo de René Magritte ha servido como inspiración para muchos artistas actuales. Sus obras han sido reinterpretadas y utilizadas en el ámbito de la publicidad y el diseño. En la actualidad su amplio repertorio de pinturas sigue despertando el interés de estudiosos y expertos, que buscan nuevas deducciones de los personales y característicos cuadros de René Magritte.

 

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