«No te va a gustar”. “Es una ciudad fea”, me decían. ¿Quién impone el juicio estético? ¿Qué es lo bello y qué es lo feo?, pensaba antes de viajar sobre las múltiples opiniones que había recibido sobre Berlín, buena parte de ellas negativas. Lo cierto es que las opiniones de los demás no influyen de manera decisiva en mis viajes, pues soy de los que piensa que cada uno tiene que construir su propia valoración y, para ello, no hay nada mejor que visitar y conocer en primera persona el lugar.

En lo que respecta a Berlín, es una ciudad que me atrapó desde el primer momento. No puedo confirmar que se adapte al concepto generalizado de belleza, pero es de esos sitios con los que logro conectar y sé a ciencia cierta que tarde o temprano tendré que volver a visitar. Es lo que yo llamo la conexión viajera. Esta conexión viene dada por la capacidad que tiene el destino elegido en cautivarme y enseñarme nuevas perspectivas y formas de entender la realidad.

Monumento al Holocausto, Berlín. Autor: Alejandro Méndez.

En este caso, Berlín es una ciudad multicultural que ha sabido encauzar su historia, exponiéndola a pesar de su dureza. Es este espíritu de aceptación una de las cualidades que considero que tiene Berlín. Ya lo decía Cicerón, “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”, y los berlineses han sabido continuar sin borrar un pasado todavía muy reciente.


Esta conservación y asimilación histórica hacen que la capital alemana sea actualmente un gran museo al aire libre. Ejemplo de ello son los fragmentos no derribados del Muro de Berlín, la Puerta de Brandeburgo, la Torre de la Televisión, la Catedral de Berlín o el Monumento al Holocausto, entre otros muchos puntos de interés que me permitieron comprender las distintas facetas de la historia de Alemania.

Markthalle Neun, Berlín.

Markthalle Neun, Berlín. Autor: Alejandro Méndez

Pero como suele ocurrir cuando se visitan museos, llega un momento en el que es necesario desconectar la mente y tomarse un respiro. Y esta desconexión también es posible en Berlín, cuyo ambiente no tiene nada que envidiar a otras ciudades europeas. Durante mi estancia tuve una experiencia street food en el Markthalle Neun, mercadillo en el que pude atiborrarme de comida inspirada en distintas nacionalidades. También pude degustar gastronomía típica,  como las famosas currywurst (salchichas riquísimas, por cierto) o el Berliner Schnitzel, un filete de ternera empanado que, aunque pueda sonar común, no tiene mucha similitud con su preparación habitual en España.

Este cúmulo de diferentes vivencias en las que se entremezclan cultura, historia y ocio han convertido mi paso por la capital alemana en inmejorable. Y ahora que ya he construido mi propia opinión, puedo decir que Berlín no me gustó, me encantó. Y para los que dudan de la belleza de Berlín, finalizo con una frase que Shakespeare dejó en su obra Macbeth“lo bello es feo y lo feo es bello”.

Sobre El Autor

Periodista. Fundador de Culturavia.

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